sábado, 19 de noviembre de 2016

Ay doctor, ahora, ¿que hacemos?



Esta pregunta se repite muchas veces en la consulta médica cuando el paciente regresa para comunicarnos que no encuentra los medicamentos prescritos anteriormente. Cada día de consulta se convierte en un día más de incertidumbre y, por que no decirlo, de estrés, al momento de decidir el tratamiento a indicarle al ser dolido que nos pide ayuda por su patología.
Aquí comenzamos a darle vuelta a las ideas en el sentido de que este medicamento que pensamos es el más indicado para esta persona se consigue o no, si no se consigue, ¿que otro puede ser útil?, si es otro, ¿será efectivo?, y en muchas oportunidades tenemos que comunicarle a la persona que ha solicitado auxilio a su dolor o enfermedad, que no sabemos si conseguirá o no lo indicado.
A esta altura de la consulta ya estamos ambos, médico y paciente, en un estado de estrés mayor y es cuando se inicia el diálogo  para tratar de comprender que está sucediendo y por que sucede. Es grave, amigos, muy grave, la situación en que nos encontramos en el área de la salud en el País al no disponer de los necesarios insumos, medicamentos, aparatos de diagnóstico y tratamiento para poder ayudar a nuestros pacientes a una recuperación o cura de su enfermedad, de hacer del “acto médico” algo que puede aumentar los riesgos de complicaciones por carecer de lo mínimo necesario para hacerlo viable.
La incertidumbre de proponer una intervención quirúrgica donde las posibilidades de éxito se ven reducidas y terminar recomendando de que si no es una emergencia absoluta, debemos esperar con la creencia de que “esta situación debe mejorar pronto”. Lo vivimos no solo en la consulta diaria, sino en nuestra persona y de los familiares más cercanos a no disponer en el hogar de nuestros medicamentos esenciales, de antihipertensivos, antidiabéticos,anticonvulsivos, etc.
Ver a un hijo llorar al no conseguir su cura ante padecimiento que sufre, el no saber responder al amigo que llama para ver “que otro medicamento” puedo buscar y de aquí salir al ruedo en la calle a deambular de una farmacia a otra y a otra más y hacerle caso al que dice “eso se consigue en tal parte” muchas veces una ciudad, un pueblo vecino o lejano y, actualmente pensar en la posibilidad de Cúcuta o Maicao, pedirlo a los EEUU a través de empresas que lo anuncias y que al final saldrá un tratamiento esencial a un costo tal que no nos quedará algo para comprar ni comida.
Es así amigos, la terrible situación en que nos encontramos en uno de los países con mayor abundancia en riquezas naturales, pero también la mayor abundancia en gobernantes corruptos e ineptos. La situación está en que o Venezuela cambia radicalmente o sucumbiremos uno por uno ante las dificultades no solventadas.

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